La imagen duele. Una joven de apenas 22 años, tendida sobre la tierra, con los brazos cruzados como si estuviera durmiendo. Pero no está durmiendo. Se fue para siempre. Y con ella se fue un pedazo del corazón de todos los que la conocieron.
«Nos deja un gran vacío», dice su madre entre lágrimas. Y tiene razón. Porque cuando alguien tan joven se va, el dolor no tiene nombre.
¿Quién era ella?Se llamaba Yulissa Fernanda Paredes. Tenía 22 años. Era de un pequeño municipio de Guatemala donde todos se conocen, donde las noticias vuelan rápido y donde esta mañana la noticia que voló fue la peor de todas.
Yulissa era conocida por su sonrisa. Esa sonrisa que iluminaba todo. Trabajaba en una tienda del centro, ayudaba a su mamá en la casa y soñaba con estudiar enfermería. «Quería cuidar a los demás», cuenta su hermana menor. «Siempre decía que su vocación era ayudar.»
La mañana que cambió todoFue en las primeras horas de la mañana cuando un vecino que pasaba por un terreno baldío a las afueras del pueblo hizo el terrible descubrimiento. Al principio pensó que era alguien durmiendo. Pero al acercarse, se dio cuenta de la verdad.
El grito del vecino alertó a los demás. En minutos, el lugar se llenó de curiosos. Y cuando llegó la familia… el llanto se escuchó a cuadras de distancia.
¿Qué le pasó?Esta es la pregunta que todos se hacen. ¿Qué le pasó a Yulissa? Las autoridades llegaron al lugar, acordonaron la zona y comenzaron las investigaciones. El cuerpo fue trasladado al servicio forense para determinar las causas exactas del fallecimiento.
Las primeras versiones apuntan a que pudo haber sido víctima de un hecho violento. Sin embargo, las autoridades no han confirmado nada oficialmente. «Estamos investigando todas las líneas», declaró un vocero. «No descartamos ninguna hipótesis.»
La última vez que la vieronSu familia cuenta que Yulissa salió de su casa la noche anterior. Dijo que iba a ver a una amiga. Era algo normal, algo que hacía siempre. Nunca imaginaron que sería la última vez que la verían con vida.
«Me dijo ‘ahorita vengo, mami'», recuerda su madre con la voz quebrada. «Me dio un beso en la frente. Como siempre. Y ya no volvió. Dios mío, ¿por qué no la detuve? ¿Por qué no le dije que no saliera?»
El dolor de una madreNo hay dolor más grande que el de una madre que pierde a su hija. Doña Carmen, la mamá de Yulissa, no puede contener el llanto. Se abraza a la foto de su hija, esa foto donde sale sonriendo, y repite una y otra vez: «Mi niña, mi niña, ¿por qué tú?»
«Era mi compañera», dice entre sollozos. «Desde que su papá nos dejó, éramos ella y yo contra el mundo. Ella me cuidaba a mí. ¿Ahora quién me va a cuidar?»
Sus amigos no lo pueden creerEn la tienda donde trabajaba, sus compañeros colocaron un altar improvisado. Fotos, veladoras, flores. Los clientes que llegan se quedan en silencio al verlo.
«Era la alegría del lugar», dice su compañera de trabajo. «Siempre estaba de buen humor. Los clientes la adoraban. No puedo creer que ya no esté. Ayer mismo estábamos riéndonos juntas.»
Sus amigos de la infancia también están destrozados. «Crecimos juntas», dice una de sus mejores amigas. «Desde niñas. Compartimos todo. ¿Cómo voy a seguir sin ella?»
El pueblo está de lutoEn el pueblo, la noticia ha causado conmoción. Las clases en la escuela donde estudió su hermana menor se suspendieron por el duelo. Los comerciantes cerraron sus negocios por unas horas en señal de respeto.
«Era una niña buena», dice un vecino. «De esas que saludan a todo el mundo. Que ayudan a los viejitos a cruzar la calle. No merecía esto. Nadie merece esto.»
Las redes sociales se llenan de mensajesEn Facebook y WhatsApp, los mensajes de condolencia no paran. Fotos de Yulissa, mensajes de despedida, promesas de justicia. Su perfil se ha llenado de comentarios de personas que la conocieron y de muchas que no, pero que se conmovieron con su historia.
«Descansa en paz, princesa», «Vuela alto, Yulissa», «Justicia para Yulissa» son algunos de los mensajes que se repiten una y otra vez.
La familia exige justiciaPero entre el dolor, también hay rabia. La familia de Yulissa exige que se investigue a fondo. Que no quede impune. Que se encuentre a los responsables.
«No vamos a descansar hasta saber qué pasó», dice su tío, quien se ha convertido en el vocero de la familia. «Queremos respuestas. Queremos justicia. Yulissa no puede haberse ido así, sin que nadie pague por esto.»
¿Y ahora qué?La investigación sigue en curso. Las autoridades han prometido resultados pronto. Pero para la familia, ningún resultado va a devolver a Yulissa. Ninguna sentencia va a llenar ese vacío.
«Lo único que quiero es abrazarla una vez más», dice su madre. «Decirle cuánto la amo. Pero ya no puedo. Se me fue. Mi niña se me fue.»
Un llamado a la reflexiónLa partida de Yulissa nos recuerda lo frágil que es la vida. Lo rápido que todo puede cambiar. Ayer estaba aquí, sonriendo, soñando, viviendo. Hoy ya no está.
Abraza a los tuyos. Diles que los amas. Porque nunca sabes cuándo será la última vez.
Descansa en paz, Yulissa. El pueblo entero te llora. Y tu vacío… ese vacío nadie lo va a poder llenar.
*Esta es una dramatización con fines de entretenimiento basada en hechos de interés público. Los nombres, lugares y detalles específicos han sido adaptados.*
