Ex-jefa de policía de San Francisco y su hija asesinadas por su esposo en California: era la primera mujer del SWAT

Era domingo por la tarde en Mill Valley, California.

Un enclave costero acomodado, de esos donde las casas valen millones y la violencia parece algo de otro mundo.

A eso de las 5 de la tarde, el teléfono de emergencias 911 empezó a sonar.

Al otro lado de la línea, una joven aterrorizada. Había escapado por la ventana de su propia casa.

Lo que contó a los operadores dejó helado a todo el condado de Marin.

Lo que encontraron los agentes dentro de la casa

Los diputados del sheriff del condado de Marin llegaron a la vivienda en cuestión de minutos.

Entraron con cautela. No sabían con qué se iban a encontrar.

Lo que hallaron dentro los marcó para siempre: tres cuerpos sin vida.

Una mujer de 65 años. Una joven de 24. Y un hombre de 68.

Tres miembros de la misma familia. Muertos en su propio hogar.

¿Quiénes eran las víctimas?

Las autoridades no tardaron en identificar a los fallecidos.

Ann Mannix, de 65 años. Su hija Katie, de 24. Y Kevin Mannix, de 68 años, esposo de Ann y padre de Katie.

Pero Ann Mannix no era una mujer cualquiera.

Era una leyenda de la policía de San Francisco.

La primera mujer del SWAT

Ann Mannix había hecho historia en el departamento de policía de San Francisco.

Fue la primera mujer en unirse al equipo SWAT, la unidad de élite para situaciones de alto riesgo.

Y no solo eso: con el tiempo llegó a liderar esa misma unidad.

Después escaló hasta convertirse en jefa adjunta del departamento, una de las posiciones más altas de la policía de la ciudad.

Toda una vida dedicada a combatir el crimen. A proteger a los demás. A enfrentarse a los delincuentes más peligrosos.

La hija que también perdió la vida

Katie Mannix tenía solo 24 años.

Era la hija de Ann y Kevin. Una joven con toda la vida por delante.

Murió junto a su madre en la casa familiar de Mill Valley.

Otra hija de la pareja, la que logró escapar por la ventana y llamar al 911, sobrevivió al horror.

El presunto autor: su propio esposo

La investigación preliminar de la oficina del sheriff del condado de Marin apunta a una conclusión devastadora.

Se trataría de un presunto doble homicidio seguido de suicidio.

El presunto autor: Kevin Mannix, de 68 años, sargento retirado de la policía de San Francisco. El esposo. El padre.

Miguel Almaguer, oficial de información pública de la oficina del sheriff, lo dijo con claridad: el presunto tirador es un hombre, y más tarde identificó específicamente a Kevin Mannix.

Las autopsias de las tres víctimas fueron programadas para esclarecer todos los detalles.

Cabe recordar que se trata de una investigación preliminar y que Kevin Mannix es señalado como presunto autor, por lo que no se afirman delitos más allá de lo comunicado oficialmente por las autoridades.

La ironía más cruel

Piénsenlo por un momento.

Ann Mannix dedicó décadas de su vida a enfrentarse a criminales armados.

Comandó operaciones del SWAT. Lideró a hombres y mujeres en las situaciones más peligrosas imaginables.

Sobrevivió a una carrera entera en la primera línea del crimen.

Y sin embargo, perdió la vida en el lugar donde debería haber estado más segura: su propia casa.

A manos, presuntamente, de la persona con la que compartía su vida.

El dolor de la familia policial

La noticia cayó como una bomba en el departamento de policía de San Francisco.

Louis Wong, presidente de la Asociación de Oficiales de Policía de San Francisco, emitió un comunicado que refleja el dolor colectivo.

Habló de una profunda tristeza, de conmoción, de corazones destrozados.

Dijo que la trágica pérdida de la jefa adjunta retirada Ann Mannix, su hija Katie y el sargento retirado Kevin Mannix había dejado a toda la familia del departamento tambaleándose.

Reconoció que no hay palabras que puedan capturar la profundidad de esta tragedia, ni respuestas simples para las dolorosas preguntas que todos se hacen.

Quienes la conocieron la recuerdan

Lou Barberini, ex oficial de policía de San Francisco y columnista que conocía a la pareja, la recordó con cariño.

Dijo que Ann tenía mucho talento y que era muy competente.

La describió como una gran atleta, una buena policía y una persona muy querida.

Además de su carrera policial, Ann era una promotora del deporte juvenil para sus hijos y para otros niños.

Formaba parte de la junta directiva de la Liga de Actividades Policiales de la ciudad.

Una mujer entregada a su comunidad hasta el último día.

Las preguntas que nadie puede responder

¿Qué pasó dentro de esa casa el domingo por la tarde?

¿Qué llevó, presuntamente, a un sargento retirado a acabar con la vida de su esposa y de su hija?

¿Había señales? ¿Alguien pudo haberlo evitado?

Son preguntas que la investigación tendrá que responder.

Por ahora, solo se sabe que una joven logró escapar por una ventana y pedir ayuda.

Que los agentes encontraron tres cuerpos.

Y que una familia quedó destruida para siempre.

Mill Valley, en shock

Mill Valley es uno de esos lugares donde estas cosas «no pasan».

Un enclave costero rico y tranquilo, a pocos minutos de San Francisco.

Los vecinos están conmocionados. Nadie entiende cómo algo así pudo ocurrir en su comunidad.

En las redes sociales, compañeros policías de todo el país han expresado sus condolencias.

Banderas a media asta. Minutos de silencio. Mensajes de dolor.

Una historia que parece de película

Esta tragedia parece sacada del guion de una película de Hollywood.

Pero es real. Terriblemente real.

Una pionera que rompió barreras en un mundo de hombres. La primera mujer del SWAT. Una jefa respetada y querida.

Su hija de 24 años, con toda una vida por delante.

Y un final que nadie, ni en sus peores pesadillas, habría imaginado.

Una pregunta queda flotando sobre la bahía de San Francisco: ¿cómo es posible que quien dedicó su vida a proteger a otros no pudiera protegerse a sí misma?

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