La tierra se vino abajo sin avisar. Eran cerca de las 8:30 de la mañana del lunes 19 de octubre cuando un deslizamiento de lodo y rocas sepultó una mina artesanal de oro en la zona rural de Santa Bárbara de Iscuandé, en la costa del Pacífico colombiano, con alrededor de 30 trabajadores adentro.
Nueve de ellos ya fueron localizados sin vida. Varios más permanecen desaparecidos bajo toneladas de tierra y piedra. Y mientras las máquinas y los equipos especializados no llegan, son los propios vecinos los que, con las manos y con lo poco que tienen, intentan sacar a los suyos.
El rescate a pulso que recorre las redes
En los videos que se hicieron virales se ve a decenas de pobladores escarbando desesperadamente en el derrumbe. Sin maquinaria pesada, sin equipos modernos: con palas, con picos y hasta con las manos desnudas, porque cada minuto que pasa es un minuto menos de esperanza para los que siguen atrapados.
La escena es desgarradora. Familias enteras esperan al borde del socavón alguna noticia, mientras los rescatistas improvisados trabajan contra el reloj en una zona selvática de muy difícil acceso.
Pidieron ayuda al Ejército y al Gobierno
Las autoridades locales solicitaron el apoyo del Ejército y del Gobierno nacional para el envío de especialistas y equipo de rescate, con la esperanza de sacar con vida a la mayoría de los trabajadores.
Pero la ayuda no solo enfrenta la distancia y la selva. En la región hay presencia de grupos armados ilegales, por lo que la Defensoría del Pueblo pidió públicamente que se respeten los corredores humanitarios y se permita el libre paso del personal de socorro.
Es decir: para rescatar a los mineros no basta con llegar. También hay que poder entrar.
El oro que se paga con sangre
Santa Bárbara de Iscuandé es un municipio del departamento de Nariño, en el extremo suroccidental de Colombia. Allí, como en tantas zonas olvidadas del Pacífico, la minería artesanal de oro es el sustento de cientos de familias que cada día bajan a los socavones sin las condiciones mínimas de seguridad.
Para muchos de estos hombres no hay otra opción: es la mina o el hambre. Y ese lunes, la mina cobró su precio más alto.
Hasta el momento del reporte, el balance oficial era de nueve fallecidos localizados y varios desaparecidos, mientras las labores de búsqueda continuaban con el apoyo de la comunidad.
Colombia entera mira hacia Iscuandé
La tragedia reabrió el debate sobre las condiciones en las que trabajan miles de mineros artesanales en el país: sin supervisión técnica, sin estructuras seguras y a merced de terrenos inestables que en temporada de lluvias se convierten en trampas mortales.
Hoy, las oraciones de todo un país están con las familias de Iscuandé, esperando que de entre el lodo y las rocas todavía pueda salir alguien con vida.
¿Hasta cuándo seguirán muriendo los mineros más pobres por trabajar sin seguridad? Te leemos en los comentarios.
Nota: información basada en reportes de medios locales colombianos y autoridades de la zona. Las cifras pueden actualizarse conforme avance el rescate oficial.
