Era apenas de madrugada cuando don Efraín, un reciclador que recorre todos los días las afueras de Cali buscando cartón y botellas para vender, se topó con algo que lo dejó paralizado. Entre la maleza de una zanja llena de basura, a un costado de un camino de tierra poco transitado, había un bulto que no parecía desecho. Cuando se acercó con su linterna, el grito que soltó despertó a todo el sector: era el cuerpo sin vida de una mujer joven.
Lo que más conmocionó a quienes llegaron después fue un detalle que hoy recorre las redes sociales: la joven tenía el cuerpo lleno de tatuajes, entre ellos una mandala perfectamente dibujada en la parte baja de la espalda. Ese tatuaje, que ella mostraba con orgullo en sus fotos, fue lo que permitió identificarla en cuestión de horas.
Se trataba de Yuliana Marcela Torres, de 24 años, reportada como desaparecida desde hacía tres días por su familia. La noticia de su hallazgo ha generado una ola de indignación y tristeza que ya cruzó las fronteras de Colombia.
El hallazgo que heló la sangre del barrio
Don Efraín relató entre lágrimas lo que vivió aquella mañana. «Yo venía con mi carretilla como todos los días, buscando qué recoger. Vi algo entre el monte y pensé que era un maniquí o ropa tirada. Cuando alumbré bien, vi que era una muchacha. Me temblaban las piernas, no podía ni gritar», contó el hombre, quien de inmediato llamó a la línea de emergencias.
En minutos llegaron patrullas de la policía y una ambulancia, pero ya no había nada que hacer. El cuerpo fue trasladado a Medicina Legal mientras los vecinos del sector se aglomeraban en la zona, muchos llorando sin siquiera conocer a la víctima. «Nadie merece terminar así, tirada como basura», dijo una vecina que prefirió no dar su nombre.
La reconocieron por su tatuaje de mandala
La identificación fue rápida gracias a los tatuajes distintivos de Yuliana. Además de la mandala en la espalda baja, tenía un moño decorativo, varios diseños en la pierna y un brazo completamente tatuado desde el hombro hasta la muñeca. Su hermana mayor, Carolina Torres, reconoció los tatuajes en cuanto las autoridades le mostraron las fotografías.
«Esa mandala se la hizo hace dos años, decía que representaba su equilibrio, su centro. Era su tatuaje favorito», contó Carolina entre sollozos. «Cuando me llamaron y me describieron los tatuajes, supe de inmediato que era ella. Mi hermanita».
Yuliana era conocida en su barrio como una joven alegre, trabajadora y soñadora. Se ganaba la vida como estilista en un salón de belleza del centro de Cali y en sus ratos libres hacía diseños de uñas a domicilio. Sus amigas la describen como «el alma de la fiesta», siempre sonriendo, siempre con planes.
La última vez que la vieron con vida
Según el relato de su familia, la última vez que supieron de Yuliana fue la noche del viernes. Había salido con unas amigas a celebrar el cumpleaños de una de ellas en una discoteca del norte de la ciudad. A eso de la una de la madrugada envió su último mensaje de WhatsApp a su mamá: «Mami, ya voy para la casa, no te preocupes».
Pero Yuliana nunca llegó. Su teléfono se apagó pocas horas después y nadie volvió a saber de ella hasta el macabro hallazgo del lunes en la mañana. «Yo la esperé toda la noche con la puerta sin seguro, como siempre. Cuando amaneció y no había llegado, sentí que algo malo había pasado. Una madre lo presiente», dijo doña Luz Marina, su mamá, destrozada.
Las autoridades ya revisan las cámaras de seguridad de la zona donde fue vista por última vez y no descartan ninguna hipótesis. Se investiga si la joven fue víctima de un ataque tras salir del establecimiento nocturno.
La familia pide justicia y las redes se visten de luto
La historia de Yuliana se volvió viral en cuestión de horas. Miles de personas han compartido su fotografía sonriendo, con la cinta negra de luto, exigiendo justicia con el hashtag que ya es tendencia. «No era basura, era una hija, una hermana, una amiga», escribió una usuaria, frase que ha sido compartida miles de veces.
Su familia, mientras tanto, solo pide una cosa: que el responsable pague. «Mi hija no merecía esto. Era buena, trabajadora, llena de sueños. Queremos justicia, que no quede impune», clamó su padre, don Álvaro Torres, frente a las cámaras.
El velorio de Yuliana se realizó en medio de una multitud que llegó a despedirla. Amigas, vecinas, clientas del salón donde trabajaba: todas con una flor blanca y el corazón roto. Su mamá no se separó del ataúd ni un segundo.
¿Y usted, qué opina?
¿Cree que las autoridades están haciendo lo suficiente para proteger a las mujeres jóvenes en las noches de fiesta? ¿Qué haría usted si un ser querido no regresa a casa una noche? Déjenos su opinión en los comentarios.
Porque historias como la de Yuliana nos recuerdan algo fundamental: detrás de cada titular hay una familia rota, una madre que esperó en vano y unos sueños que quedaron tirados en una zanja. Que su memoria nos obligue a cuidarnos más entre todos.
Nota aclaratoria: Esta historia es una dramatización con fines de entretenimiento basada en hechos de dominio público que circulan en redes sociales. Los nombres, lugares y diálogos son ficticios y cualquier parecido con personas reales es pura coincidencia.
